miércoles, 19 de marzo de 2008

El día que me seleccionaron para el aviso de Pindapoy


1966, el gobierno del Dr. Illia había sido derrocado por la dictadura a cargo del Gral. Onganía. Época de ideales endebles y falsos patrioterismos, en constante lucha con juventudes insurgentes, con las que yo simpatizaba pese a ya tener mis años. Desperté en la mañana, como cualquier miércoles, listo para agarrar mi mochila y partir a Plaza Francia, a laburar. Al tomar mi teléfono celular noté que tenía un mensaje de voz (no un mensaje tuyo, eso sería “de vos”, me refiero a una grabación en mi contestador, que no contesta, sólo graba).

“Hola este es un mensaje para el Sr. Rasmu, lo estamos llamando de la consultora XX, vimos su book y queremos convocarlo para la publicidad de jugos Pindapoy, por favor comuníquese a la brevedad al 4772-94XX”.

Llamé al instante, por supuesto. Me comentaron del jugoso cachet (no es que fuera mucho dinero, pero provenía de la empresa juguera) y acepté al instante. Me contaron la trama: “Es un payaso que se levanta a la mañana, de mal humor, y no logra construir una sonrisa en su cara. Gran problema teniendo en cuenta su profesión, el protagonista sólo logra sonreir cuando va a su heladera y desayuna un buen vaso de Pindapoy sabor naranja y dice ‘Este jugo me alegra el día como loco. Viva Pindapoy carancho!!’, y sale feliz a enfrentar el quehacer cotidiano”.

Así llegué a la fama, haciendo mis primeras armas como ídolo de los niños. Fue ahí cuando abandoné la militancia política, ya que el tiempo que tenía libre lo usaba para contar mi dinero, cada vez más, más y más… luego perdería todo una noche que fui al bingo de Pilar con un amigo apellidado Caminos, pero eso es otra historia.

Pindapoy cambió mi vida, conocí las luces y la TV, por eso lo recuerdo con cariño y siempre que puedo me bebo uno en honor a los años mozos.

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