Se veia venir todo aquel vendaval, el viento soplaba como cual niño de 5 sopla a la torta. Y de repente... pum ... se convierte en un adulto... y de repente pum.. se convierte en viejo... y de repente pum (bis) muere como adulto... y de repente pum...es recordado como un estandarte... y de repente pum (bis) sin velorio porque no tenia nadie que lo visitara...Nadie lo supo nunca porque el elixir continuo desdibujando su sonrisa... El optimismo no fue su aliado.... Aunque supo agradar a quienes estaban cerca suyo... El pesimismo no fue su aliado... Aunque quienes estaban ceca suyo no paraban de criticarlo...
Es asi... se vive entre la paradoja... aceptar, rechazar... Relajar, tensar... Repensar... es lo que uno a veces desea ... y necesita... mas tiempo?
parar? volver a seguir con la misma aceleracion delta v sobre delta t... 6.02 * 10 ^ 23 era el numero de Avogadro (para algo servia)...
Es todo asi... relativo.. en algun lado esta... hay que encontrarlo... por eso decidi volver despues de mis vacaciones junto a Mirtha Legrand y tambien volviendo como Victor Sueiro (qepd: quizas muera unos minutos para visitarlo y reencarne) de la muerte... Volver para seguir disfrutando de mi entorno.. para seguir enlazando...
para seguir buscando el perfecto balance ... para buscar el tono perfecto... y si no se encuentra al menos seguir intentandolo como se pueda
martes, 3 de noviembre de 2009
miércoles, 3 de junio de 2009
Paradojas laborales

No se qué pasa... o estoy tomando vuelo filosófico o algo estoy tomando.
Ayer a la mañana me llamó un conocido y me contó algo que me dejó paralizado: "El otro día me di cuenta de que entre los 16 y los 18 años fui homosexual. No se, en el momento no lo noté, pero ahora que hago memoria me encantaba escuchar a Bumbury con lo de la chispa adecuada, o sea que evidentemente era puto. Qué boludo, ahora tengo 35 y ya se me pasó. Ahora te dejo porque me tengo que ir a abrir la pelu".
Esto me dejó una moraleja incontrastable: el destino no está escrito, somos esperma que, entre millones de aspirantes, ha sido cuidadosamente seleccionada por la gerencia de recursos humanos del sector óvulo. Entonces actuemos en consecuencia. La cosa no es tanto honrar la vida, más que nada se trata de emprender el camino hacia Felicidonia.
La corporación no va a hacer tu trabajo, pero te exprimirá cual kiwi (no la fruta sino el animal).
Bueno, eso sólo por ahora, buenos días.
lunes, 1 de junio de 2009
Aclaración
Quisiera pedir disculpas a todos los lectores y amigos por la anterior entrada ("¿Qué es lo que sabés?"), ya que fue escrita bajo los efectos de drogas, las cuales habían pegádome mal.
Ya que estamos, pido también disculpas por todo lo escrito antes de eso y por todo lo que se escribirá en el futuro, tanto en este espacio como en cualquier otro, sea yo su autor o no.
"Felices los analfabetos, por la congoja que les azota por debajo. Felices los ciegos, porque las biblias en braile son carísimas. Gian felices los bichos también, y llévennos a nuestro destino. Y, sobre todo, felices los niños, que no ven sino retazos de alegría donde lo que realmente hay es mercancía en su forma más burda". Eurístides, año 437 AC.
Ya que estamos, pido también disculpas por todo lo escrito antes de eso y por todo lo que se escribirá en el futuro, tanto en este espacio como en cualquier otro, sea yo su autor o no.
"Felices los analfabetos, por la congoja que les azota por debajo. Felices los ciegos, porque las biblias en braile son carísimas. Gian felices los bichos también, y llévennos a nuestro destino. Y, sobre todo, felices los niños, que no ven sino retazos de alegría donde lo que realmente hay es mercancía en su forma más burda". Eurístides, año 437 AC.
viernes, 29 de mayo de 2009
Que es lo que sabes?
Sabes cuantos días quedan para finalizar el año ?
Sabes cuanto tiempo paso desde que dijiste me canse ?
Sabes cuanto hace que sabes que no lo tenes que hacer ?
Sabes calificar un día similar?
Sabes cuantas veces sos explorado por dia?
Sabes los primeros 30 decimales del numero Pi?
Sabes como anular un recuerdo?
Sabes como volver a traerlo?
Sabes cual fue la última canción que sonó en tu viejo centro musical?
Saber importa...
Sabes cuanto tiempo paso desde que dijiste me canse ?
Sabes cuanto hace que sabes que no lo tenes que hacer ?
Sabes calificar un día similar?
Sabes cuantas veces sos explorado por dia?
Sabes los primeros 30 decimales del numero Pi?
Sabes como anular un recuerdo?
Sabes como volver a traerlo?
Sabes cual fue la última canción que sonó en tu viejo centro musical?
Saber importa...
miércoles, 27 de mayo de 2009
La solidaridad como forma de vida

Al otro lado de la línea, Alex Ferguson: "Sacá a alguno y metelo al Tucu que lo define". Gracias Alex, aprovecho para mandarte un abrazo y saludos a la familia.
Agosto de 1998. El equipo del colegio Estrada, conformado por la más selecta combinación de estudiantes de 5to. Bachiller y 5to. Comercial fracasaba en todos los ámbitos deportivos (fútbol, rugby, hockey, paleta, pesca, fútbol 5, voley, básquet, handball, etc., etc., etc.), con la honrosa excepción del atletismo-cross, donde el desastre también llegaría, pero meses después y con la costa atlántica como marco.
En fútbol (escuadra conformada por Sánchez o Caminos –el hijo del DT-, Correa, Molina, Flores, De Feo, Auhad, Martinoli, Maisonobe, Zárate, Almirón y Candre), el fracaso ya se había consumado con dos derrotas consecutivas versus Cardales y el equipo formado por Coco Mirrandertbourdenzen. Quedaba el partido del honor, versus la selección de Fenoy, “el gimnasta de la aurorita”, y ahí sucedió: minuto 77, el DT Caminos (en dupla conmigo, obviamente, y con la ayuda de un todavía joven y atlético Fernando Lodeiro) introduce cambios. Ingresan Monsalvo y Abel. Minuto 80, desborde de Monsalvo, centro y puntapié de Abel, que anota generando el delirio en las gradas del estadio municipal de los deportes. Hasta ahora, ese era el máximo hito en la carrera del prestigioso centroforward tucumano. Pero eso cambió.
La jornada patria de anteayer nos trajo un benéfico torneo de fútbol en Robles, para que le pongan techo a la escuela y no se qué tema de la claraboya o algo así. El primer partido fue emotivo y trajo a mi mente todos aquellos recuerdos adolescentes. Cero a cero, trabado y aburrido, hasta que a 5 minutos del final el 9 de ellos, un gordo de pelo largo, toma un rebote y queda con el arco a su disposición. Nuestro arquero Sánchez estaba vencido, la defensa paseaba por ahí, pero el 9, tal vez sabiendo que era un encuentro solidario y que el Tucu lo había organizado, cabeceó a 20 cm. del arco y la pelota pegó en el travesaño. El rebote lo tomó Sánchez, medio sin querer, mientras desde el costado de la cancha la gente gritaba el gol y el portero se abrazaba con un defensor (se dijo que se habrían besado). A partir de ahí sólo quedó tiempo para que se produjera el momento más emotivo de la jornada.
El árbitro, de origen entre chino y chileno, dijo “un minuto más”. El Martinoli mayor, que respiraba con dificultad desde el minuto 3, escapa con pique fugaz que recordó al de Corneta en Mar del Plata, tira centro y conecta, quien si no, el organizador, el artillero del Tucumán, el ídolo de las niñas: remate mordido, el balón se desplaza lentamente y cruza la línea, creo que ni tocó la red. Y ahí una fiesta fenomenal: el Tucu sale gritando como Tardelli en la final del 82’, la directora de la escuela le lanza el corpiño al grito de “¡¡bien, profesor Abel!!… ¡¡usted es contabilidad y amor en su estado puro!!”, las pequeñas alumnas lloran de emoción y humedecen la zapatilla, pero no son lágrimas. El Martinoli mayor queda tendido, pálido, tembloroso y con las pupilas dilatadas (tres horas después volvería a la vida). Bueno, 1 a 0, fin del partido, felicidad y horas de descanso.

Arriba: Martinoli Marta, Sánchez, Zárate, Oyhanto, Izaguirre, Abel. Abajo: Flores, Rasmu, Martinoli Tota, Almirón, Cos. Un sol para los chicos, una claraboya para Robles...
El segundo partido fue una especie de Peñarol – Estudiantes por una Libertadores de los 60’. Patadas y discusiones por doquier, amarillas a granel y roja para Izaguirre por excederse en la violencia. Comenzamos ganando una a cero con furioso remate del "cuñado" Zárate en el primer tiempo. Más patadas, más violencia y en ese clima nos empatan en una jugada confusa saliendo de un corner. Cerca del final anotamos un nuevo tanto tras una jugada que yo tenía preparada para los tiros libres, que terminó con un excelente disparo cruzado de Cos Poroto. Por supuesto salí gritando al estilo Gallego “¡es mío, es mío!” (el gol, no el jugador). Después de eso hubo más patadas, la mencionada expulsión, intercambio de insultos con árbitro y rivales, pelotas a la calle y final del partido: el récord histórico para nuestro equipo de 2 victorias consecutivas era una realidad.
Mientras las alumnas pedían bailes a algunos jugadores del equipo, éstos amenizaban la espera hasta el partido siguiente con choripanes, tal como lo recomiendan los mejores preparadores físicos a nivel mundial. El clima se complicaba y se pedía que el Tucu tuviera un gesto de grandeza determinando la suspensión del torneo. Lamentablemente no fue así, y de la semifinal no hay mucho para decir. Sólo que nosotros hicimos 2 goles (Almirón con un remate de antología y nuevamente el joven Zárate) y que ellos hicieron algunos más (ese pibe Toto debe haber sentido lástima). Perdimos, y si hubiéramos jugado 20 veces más, también hubiéramos perdido. Porque la historia está escrita y hay que respetarla. Porque Rasmu vive pero no quiere salir campeón, porque no le interesa y porque no le cabe. Y porque no quiere. Y porque tiene principios. Así que allí estaremos la próxima vez, jugando nuevamente, no para ser campeones sino para colaborar con la escuela de Robles. Porque somos solidarios (si no me creen consulten a la flia. Orlando o a la comisión del CHyP) y lo vamos a seguir siendo. Hoy Robles tiene claraboya y arregló la pared, el Tucu habrá mordido su parte y el dolor físico está en cada jugador. Porque así tenía que ser y así será siempre, porque la solidaridad es nuestra forma de vida.
Los saluda con orgullo Rasmu, el DT.
lunes, 9 de marzo de 2009
Mensaje para el Dr. Oracio:
Ciertamente, estoy enojado. Sabés que te aprecio y que apoyé tu gestión desde la génesis misma, pero en honor a nuestra amistad, te quiero dejar las cosas claras.
Resulta que días atrás estuve en Cardales (“la ciudad del progreso”, tal como me la supiste definir). Primero veo que tienen un escenario de alto nivel enclavado en los confines de la estación ferroviaria, ante lo que mi acompañante ocasional me dice: “hijos de puta, toda la guita para acá mandan”. ¿Y sabés qué?, yo le dije que no, que no era así, que las características del suelo de la zona permitían no se qué, etc. etc. Sí, te defendí. Como siempre, te defendí.
Pero, lamentablemente para el alma mía (para la tuya ya no creo), el paseo continuó. Luces… luces y calles asfaltadas por doquier… negocios, emprendimientos, glamour, minas, progreso, más glamour. Mi nivel de indignación crecía, hasta que llegué a la fatídica esquina.
En Cardales Trevi vende helados. En Capilla vende helados. En Cardales vende café. En Capilla vende café. En Cardales vende picadas. En Capilla vende helados… y café. En Cardales vende cerveza, tragos, tortas, chopsuei, vegetales al wok, almíbar de roble. En Capilla, helados y café. En Cardales vende pechugas gratinadas, calamares en su tinta, trucha ahumada con regocijos recientemente extraídos de la sierra de la ventana, generando en su plato una exquisita combinación de coníferas y finas hierbas, adentrando al comensal en un manantial de sabores que ni la propia esencia del yin y el yan equilibra el apetito de tal modo (textual de la carta del establecimiento). En Capilla vende helados y café.
Entonces no, viejo. No se, pensalo. Hay límites, y el mío, Oracio, es este. Por lo que alguna vez fuimos, te pido que revises tu actitud.
Te mando un saludo, pero porque no se le niega a nadie nomás.
Indignado, pero defendiendo el honor de mi tierra hasta las últimas consecuencias,
Rasmu
Resulta que días atrás estuve en Cardales (“la ciudad del progreso”, tal como me la supiste definir). Primero veo que tienen un escenario de alto nivel enclavado en los confines de la estación ferroviaria, ante lo que mi acompañante ocasional me dice: “hijos de puta, toda la guita para acá mandan”. ¿Y sabés qué?, yo le dije que no, que no era así, que las características del suelo de la zona permitían no se qué, etc. etc. Sí, te defendí. Como siempre, te defendí.
Pero, lamentablemente para el alma mía (para la tuya ya no creo), el paseo continuó. Luces… luces y calles asfaltadas por doquier… negocios, emprendimientos, glamour, minas, progreso, más glamour. Mi nivel de indignación crecía, hasta que llegué a la fatídica esquina.
En Cardales Trevi vende helados. En Capilla vende helados. En Cardales vende café. En Capilla vende café. En Cardales vende picadas. En Capilla vende helados… y café. En Cardales vende cerveza, tragos, tortas, chopsuei, vegetales al wok, almíbar de roble. En Capilla, helados y café. En Cardales vende pechugas gratinadas, calamares en su tinta, trucha ahumada con regocijos recientemente extraídos de la sierra de la ventana, generando en su plato una exquisita combinación de coníferas y finas hierbas, adentrando al comensal en un manantial de sabores que ni la propia esencia del yin y el yan equilibra el apetito de tal modo (textual de la carta del establecimiento). En Capilla vende helados y café.
Entonces no, viejo. No se, pensalo. Hay límites, y el mío, Oracio, es este. Por lo que alguna vez fuimos, te pido que revises tu actitud.
Te mando un saludo, pero porque no se le niega a nadie nomás.
Indignado, pero defendiendo el honor de mi tierra hasta las últimas consecuencias,
Rasmu
Qué pretérito perfecto

Una de estas mañanas repletas de ansiolíticos buscaba en mi mente algún recuerdo grato. Encontré un cenicero que decía “Tandil” y una gorra con fino bordado en degradé de “yo amo las termas de Río Hondo”, pero no era lo que quería. Había también un mate (“recuerdo de Tinogasta”), y un embudo con la cara de Kempes. Ah, y también Recuerdos de la Alhambra interpretado por Padró, el 6º stone.
Seguí haciendo memoria y di con un hecho de mi pasado que marcó a fuego el devenir de mi existencia en tanto ídolo de la niñez. En los 60’, tiempos en que A. Petrocceli gobernaba las tierras que hoy dirige acertadamente el Dr. Oracio, los jóvenes hacíamos la colimba, más por estúpidos que por obligación de algún estado-nación. “¡Eh, me salvé por número bajo!” repetían los infelices más afortunados, “yo no, pero la idea de servir a la patria me provoca subyugante excitación”, se defendían los acomodaticios.
Enrolado como puente en el escuadrón 21 de la cúpula 112 de la infantería 26, miembro del batallón 39, ruta 2, partido de 3 de Febrero (recordar los números, esto es como Lost), decidí partir en una misión encomendada por nuestro proveedor de armamento, Dr Sr Gral B. Balada (hoy figura destacada de la cultura capillense e incansable defensor de los derechos de los gays con perro chico). Resulta que había que escoltar al ministro de relaciones supranaturales de Uruguay, quien se encontraba de visita en nuestro país (en “la banda occidental”, desde su punto de vista).
“Willington Zabala, montevideano de nacimiento y político de vocación, te llevo dentro de mi alma y te ofrezco mi corazón”, le cantaba la afición mientras arribaba al país a bordo del buquebus mas lento de todos (14 horas de no mediar hundimiento). El público desbordaba el puerto, Zabala era casi una estrella de rock, y si no lo era del todo era por su condición de oriundo del vecino país (conocida por todos es la contradicción uruguayo-rock).
El asesinato (quise llamarlo magnicidio pero me dijeron que no daba) que se preparaba era así: se mezcla entre el público un hombre de traje negro y cuando la oriental autoridad pisa la escalinata le proporcionan un disparo en el entrecejo, cortesía de un lustroso y aterciopelado revólver, arma tan cálida como la propia felicidad, oculto en la pelvis del mencionado sicario.
En eso andaban cuando lo divisé: “Ehh, pará, pará amigo ¿qué hacemos?”, le digo al tipo, para trascartón ajusticiarlo a sangre fría y a viva voz. Después de eso, Zabala me besó la frente y, como reconocimiento a mi destacada labor, Balada me permitió tener el pelo un centímetro más largo que el resto de mis compañeros colimbas (hecho que terminó funcionando como piedra fundacional de lo que años después sería mi incursión en la rama más capitalista del hippismo, un movimiento que existía en aquella época y que vendría a ser el equivalente a lo que hoy conocemos como plaza serrano).
Así que bueno, esta fue la historia que mi sentimentalismo como forma de vida recordó en esta oportunidad. Qué lindo, qué grato recuerdo, qué final abrupto y carente de sentido, es que me aburría.
Es todo por el momento, un fuerte abrazo para los miles y miles de seguidores alrededor del mundo que día a día engalanan este espacio.
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