lunes, 9 de marzo de 2009

Mensaje para el Dr. Oracio:

Ciertamente, estoy enojado. Sabés que te aprecio y que apoyé tu gestión desde la génesis misma, pero en honor a nuestra amistad, te quiero dejar las cosas claras.

Resulta que días atrás estuve en Cardales (“la ciudad del progreso”, tal como me la supiste definir). Primero veo que tienen un escenario de alto nivel enclavado en los confines de la estación ferroviaria, ante lo que mi acompañante ocasional me dice: “hijos de puta, toda la guita para acá mandan”. ¿Y sabés qué?, yo le dije que no, que no era así, que las características del suelo de la zona permitían no se qué, etc. etc. Sí, te defendí. Como siempre, te defendí.

Pero, lamentablemente para el alma mía (para la tuya ya no creo), el paseo continuó. Luces… luces y calles asfaltadas por doquier… negocios, emprendimientos, glamour, minas, progreso, más glamour. Mi nivel de indignación crecía, hasta que llegué a la fatídica esquina.

En Cardales Trevi vende helados. En Capilla vende helados. En Cardales vende café. En Capilla vende café. En Cardales vende picadas. En Capilla vende helados… y café. En Cardales vende cerveza, tragos, tortas, chopsuei, vegetales al wok, almíbar de roble. En Capilla, helados y café. En Cardales vende pechugas gratinadas, calamares en su tinta, trucha ahumada con regocijos recientemente extraídos de la sierra de la ventana, generando en su plato una exquisita combinación de coníferas y finas hierbas, adentrando al comensal en un manantial de sabores que ni la propia esencia del yin y el yan equilibra el apetito de tal modo (textual de la carta del establecimiento). En Capilla vende helados y café.

Entonces no, viejo. No se, pensalo. Hay límites, y el mío, Oracio, es este. Por lo que alguna vez fuimos, te pido que revises tu actitud.

Te mando un saludo, pero porque no se le niega a nadie nomás.
Indignado, pero defendiendo el honor de mi tierra hasta las últimas consecuencias,
Rasmu

1 comentario:

Anónimo dijo...

bien rasmu muy gracioso
saludos